“Pero no se acercará tras el velo, ni se acercará al altar, por cuanto hay defecto en él; para que no profane mi santuario, porque yo Jehová soy el que los santifico” Levítico 21:23

Dios es un ser completa y absolutamente Santo, nadie podía acceder a su presencia de cualquier manera. En el tabernáculo se encontraba el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo. Solo los sacerdotes tenían el privilegio y la responsabilidad de estar ante Dios intercediendo por todos los pecados del pueblo.

Todas estas limitaciones pretenden revelar la tremenda santidad de Dios y la gran pecaminosidad del hombre. El ser humano desde que fue expulsado de la presencia de Dios en el huerto del Edén no puede tener relación y comunión con el Creador.

Cada uno de los sacerdotes que han existido a lo largo de los siglos apuntaban al último y gran sacerdote que fue Cristo. Solo Jesús fue perfecto y sin pecado. Él es ahora nuestro representante, por medio de su obra en la cruz a favor de su pueblo podemos disfrutar libremente de la presencia de Dios. El velo ha sido rasgado y ahora podemos tener relación con nuestro Padre Celestial.