“Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigaras tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios” Levítico 23:22

Son muchos los colectivos que levantan su voz reivindicando la justicia social que todas las personas merecen. Este no es un problema de nuestra actualidad, la injusticia y la pobreza han existido en todas las generaciones y culturas desde que el pecado entró en el corazón del ser humano.

Precisamente la palabra de Dios es un libro que busca y promueve en todo momento la justicia social y los derechos de cada una de las personas sin hacer diferencia a su sexo, cultura, posición económica o clase social. Estoy convencido que si todos tuviésemos más presentes los consejos y los mandamientos de Dios viviríamos en un mundo mucho más justo.

Ya desde Levítico Dios dijo a su pueblo como debían de actuar para atender y proteger a los más desfavorecidos como eran los pobres y los extranjeros. Que hermoso sería que en la organización de nuestra economía apartáramos una parte para ayudar a familias con necesidad y a personas que han dejado atrás todo su mundo. Tratemos en la medida de lo posible que ninguno de nuestros hermanos en la FE pase necesidad. Atendamos y ofrezcamos todo nuestro amor a los extranjeros los cuales necesitan y extrañan muchísimo el afecto de sus seres queridos.