“El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará” Levítico 6:13

El altar siempre estaba encendido quemando las ofrendas que el pueblo ponía en representación de sus faltas y pecados. Mientras el altar contara con una victima y el fuego consumiera la vida del animal inocente la presencia de Dios estaría presente y a favor de todas los israelitas.

Esta escena apuntaba y hacia referencia a la persona del Espíritu Santo el cual ha sido muchas veces comparado con el fuego que consume y purifica. Al igual que el fuego, el Espíritu Santo nos ilumina en medio de nuestras tinieblas, pero también como la tercera persona de la trinidad que es, nos exhorta, consuela, anima, corrige…etc.

Los sacerdotes eran responsables que el fuego en el altar nunca se apagara, nosotros en la actualidad somos responsables de mantener el fuego del Espíritu ardiendo en el altar de nuestros corazones. Valoremos, consideremos y cuidemos en todo momento nuestra relación intima y personal con la dulce y tierna persona del Espíritu Santo.

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