“La persona que comiere la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, estando inmunda, aquella persona será cortada de entre su pueblo”. Levítico 7:20

El Señor estaba ofreciendo al pueblo las instrucciones y ordenanzas relacionadas con la ofrenda de la transgresión y las ofrendas de paz. Toda aquella persona que voluntariamente persistía en su pecado podría llegar al punto de ser excluida del pueblo. La excomunión te alejaba de los privilegios del pacto. Esta es una practica que se enfatiza mucho a lo largo del libro de Levítico.

Es muy importante que todos entendamos la seriedad y la gravedad que tiene el pecado y las terribles consecuencias que trae sobre nuestras vidas. La primera excomunión la podemos ver claramente en el huerto del Edén. El Dios amoroso también se enoja y se aíra con el pecado a tal punto que tuvo que expulsar al hombre de su presencia. En el nuevo Testamento también se nos habla del proceso de disciplina que se debe realizar en las iglesias con aquellos que deliberadamente continúan viviendo y practicando el pecado.

Cuidemos nuestras vidas y nuestros corazones para no llegar al punto de rechazar a Dios y abrazar el pecado. La excomunión y la disciplina te conducen hacía un terreno de sequedad espiritual donde te alejas de la comunión con Dios y con su hermoso pueblo la Iglesia. Huye de la rebeldía, confiesa tu pecado y corre hacía Cristo él único que puede ofrecerte su perdón e incluirte de nuevo en la familia del Dios Eterno.