Lucas 10:20

Lucas 10:20 “Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos”.

Estas son las palabras finales que Jesús le dijo a los discípulos al llegar todos de realizar la misión de predicar el evangelio. Todo este grupo regresó emocionado y muy contento al ver las cosas sobrenaturales que habían realizado en el nombre de Jesús. Ellos le hicieron un resumen al maestro de todo lo que habían vivido, pero de repente, Jesús aprovechó esta oportunidad para apuntar al centro del corazón y ofrecerles una valiosa enseñanza.

Jesús les dijo que no pusieran su gozo en el resultado del ministerio y en aquellas cosas que ellos habían realizado. El gozo debían anclarlo siempre en el terreno de la salvación. Al igual que los discípulos, muchas veces podemos caer en el error de poner nuestro gozo en muchos lugares, pero si hacemos ésto, el gozo se tambaleará en el momento que la situación cambie o las cosas no salgan como nosotros deseamos. El gozo debe estar en un lugar más alto, en una roca firme e inamovible. El gozo tenemos que ponerlo en algo que no hayamos conseguido nosotros sino en algo que haya conseguido Cristo.

Jesús nos dijo que nuestro nombre está escrito en el libro de los cielos. Jesús, en la cruz del Calvario, pronunció nuestro nombre, perdonó todos nuestros pecados, nos ofreció salvación por gracia y ahora somos del Señor por siempre. Cristo nos ha regalado la salvación y jamás la perderemos. No importa cómo este nuestra vida, no importa las situaciones que atravesemos, cómo se encuentre este mundo o todo lo que suceda a nuestro alrededor, aquellos que somos hijos de Dios tenemos que regocijarnos cada día sabiendo que tenemos el gozo de la salvación.