Lucas 15:4 “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?”.
Jesús es el buen pastor. Él está dispuesto a entregar su vida por sus ovejas. Jesús sabe quiénes son las ovejas que el Dios Padre le entregó desde la eternidad pasada. Él ha venido para salvar a cada una de ellas. Las ovejas del Señor reconocen al pastor y cuando oyen su voz, lo siguen con gozo y pasión. A lo largo de las Escrituras encontramos diferentes pasajes que muestran la relación tan íntima que Jesús tiene con cada una de sus ovejas. Él ha venido para cuidar, proteger y salvar a su rebaño, que es el pueblo de Dios.
Nosotros invertimos tiempo y esfuerzo en buscar aquellas cosas valiosas que perdemos, como por ejemplo, las llaves del coche, el móvil o la cartera. Si nosotros hacemos esto con aquello que es material y superficial, cuánto más hará el Señor con una de sus ovejas cuando se encuentran en peligro o perdidas. Jesús cuenta y conoce a cada una de sus ovejas y, por cierto, él tiene millones y millones de ovejas, pero cada una es única, especial y valiosa para el buen pastor.
Las ovejas son de los animales más débiles y torpes que existen, por ese motivo, una oveja separada de su pastor tiene las horas contadas. La oveja sin la guía y la protección del pastor se pierde y puede ser devorada en muy poco tiempo. Por ese motivo, cuando el pastor sabe que ha perdido a una de sus ovejas, deja todo el rebaño para buscar a la perdida. Qué hermoso saber que a Jesús le importan nuestras vidas y que ninguna de sus ovejas se perderá porque Él no permitirá que ésto suceda. Por muy lejos que te marches y por muy perdido que estés, el pastor tarde o temprano, te encontrará, te cargará sobre sus hombros y te llevará de nuevo al redil.