Lucas 4:13 “Acabadas las tentaciones, el diablo se alejó de él hasta la siguiente ocasión”.
Jesús no sólo fue nuestro representante en las aguas del bautismo. Él también fue nuestro representante en el desierto de la tentación. Tras salir del Jordán, el Espíritu Santo llevó a Cristo a un terrible desierto donde estuvo durante cuarenta días sin comer ni beber siendo tentado por el diablo. Jesús en medio de este contexto tan complicado, venció a nuestro enemigo y puso su victoria a nuestra cuenta. Mientras que Adán fue engañado y vencido por Satanás en el paraíso del Edén, Jesús superó las tentaciones en la soledad del desierto.
A través de este acontecimiento podemos ver los diferentes medios que Dios nos ha dejado para vencer cada una de las tentaciones que el diablo irá poniendo delante de nuestras vidas. Si deseamos mantenernos firmes y resistir a nuestro enemigo, necesitamos estar llenos del Espíritu Santo. Los cristianos también contamos con la oración y con el poder de la Palabra. El pasaje termina diciéndonos que el diablo tras no obtener lo que buscaba se alejó de Jesús por un tiempo.
Este detalle es realmente importante. Tenemos que ser conscientes que luchamos con un enemigo que regresará una y otra vez. El diablo nos conoce, nos observa y sabe muy bien cuando presentarse para tentarnos. Él esperará el momento oportuno para atacar. Él sabe si estamos velando y orando o si estamos despistados en el sofá. Él sabe cuándo tenemos puesta la armadura de la fe o el pijama de la comodidad. Necesitamos estar preparados para resistir y luchar en medio de la guerra espiritual en la que nos encontramos, sabiendo que en Cristo somos más que vencedores porque él ya venció a nuestro enemigo.
