Lucas 5:28 “Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió”.
Éstas son varias de las acciones que realizó Leví en el momento que fue llamado por Jesús para seguirle. Este hombre tenía un puesto fijo como recaudador de impuestos, pero al contemplar a Cristo y recibir su invitación estuvo dispuesto a dejarlo todo de manera inmediata. Tras este increíble acontecimiento podemos ver el resultado que produce la verdadera conversión en una persona cuando es transformada por el llamamiento y la gracia de Dios.
Si Cristo se presenta en nuestros caminos, nos mira y nos llama, algo interior, genuino y profundo tiene que suceder. La conversión se produce cuando el corazón, los pensamientos y los afectos son transformados. Cuando recibimos el evangelio vemos a Cristo como el mayor de los tesoros. Por ese motivo estamos dispuestos al igual que Leví, Pedro o el resto de los discípulos, a realizar un cambio de dirección en nuestras vidas.
Cuando Cristo pasa a ser el Señor de nuestras vidas, dejamos las cosas de este mundo que tenían enredadas nuestras almas, nos levantamos para abandonar el lugar donde nos encontrábamos prisioneros y comenzamos a seguir sus pisadas. Todo ésto no lo podemos hacer por obligación sino por amor. Debe ser la misericordia y la gracia de Cristo la que nos impulse a dejarlo todo por él. Contempla la belleza de Jesús todos los días y deja que tu corazón corra apasionado hacia tu amado Señor y Salvador.
