Lucas 9:25 “¿Qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?”.
Desde que los seres humanos fuimos expulsados de la maravillosa presencia de Dios en el huerto del Edén, todos tratamos de encontrar nuestra identidad y felicidad en el mundo en el que habitamos. En nuestros corazones tenemos un hueco del tamaño de Dios, solo Él puede llenarnos y saciarnos, pero todos aquellos que rechazan a Dios tratan de llenar los vacíos más profundos del alma por medio de las cosas vanas y superficiales que nos ofrece este mundo.
Las personas se esfuerzan, luchan, invierten y desgastan toda su vida tratando de ganar el mundo. El diablo nos ha engañado con su gran mentira, él nos hace creer que podremos encontrar la felicidad en los placeres de la creación cuando realmente, lo que necesitamos es el abrazo del creador. El hombre y la mujer pueden tratar de ganar el mundo y aun consiguiéndolo se darían cuenta que siguen estando completamente vacíos.
No sirve de nada ganar algo que desaparece en el preciso instante que la muerte nos roba el aliento. Nuestro cuerpo físico, más tarde o más temprano, quedará sin vida y volveremos al polvo, pero el alma es eterna y es por ella, por la que debemos de preocuparnos. La Biblia enseña claramente que tras la muerte, el alma tan sólo tiene dos destinos: el gozo de la eternidad con Dios o el lugar de tormento en el infierno. De nada te servirá ganar el mundo si al cerrar tus ojos aquí, los abrirás en un lugar de sufrimiento. Confiesa a Cristo como tu Señor y salvador y recibirás, por gracia, la salvación y el gozo que necesita tu alma.
