Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Marcos 10:9

No somos conscientes de la tremenda profundidad que encierran estas palabras de Jesucristo. Nos hemos acostumbrado a oírlas en las películas y en las ceremonias de la gran mayoría de las bodas, pero tristemente son muchísimas las personas que no le dan importancia a este hermoso mandamiento.

Si entendiéramos el significado de esta famosa frase, si meditáramos más en todo lo que conlleva el pacto matrimonial y en lo que representa para Dios la unión entre un hombre y una mujer estoy convencido que se producirían menos divorcios. Cuando hablamos de matrimonio estamos entrando y pisando un terreno completamente “Santo”. El matrimonio es una institución creada por el Dios Eterno, es un misterio que convierte y une a dos personas en un solo cuerpo.

En los tiempos que vivimos la Iglesia y los creyentes debemos valorar, defender, cuidar, proteger y enseñar mucho más acerca del matrimonio. Cada uno de los novios deben saber muy bien que es lo que están haciendo en el instante que realizan el pacto delante de Dios y de cada uno de los testigos. Es Dios el verdadero protagonista de cada una de las bodas. Fue Dios el que hizo posible que conocieras a la persona que hoy es tu marido o mujer, fue Dios el que finalmente permitió que llegaras hasta el altar y es Dios el único que puede unir al hombre y a la mujer en una unión completamente indivisible.