Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; Marcos 12:43

El joven que se encontraba sentado delante del arca de las ofrendas no era un hombre más, era el único Dios verdadero. Jesucristo no solo veía las monedas que cada persona depositaba, él además veía las intenciones de los pensamientos y las actitudes del corazón. Párate a pensar lo increíble que tuvo que ser ofrendar delante del Dios que todo lo sabe y todo lo conoce.

Que triste es darle las sobras al Señor como hicieron los ricos en esta ocasión, por el contrario, la pobre viuda que por cierto se encontraba en la peor de las condiciones en aquella época (era mujer, pobre y además viuda); estuvo dispuesta a entregar a Dios todo cuanto tenía. No olvidemos jamás que Dios no mira la cantidad sino la actitud y el corazón con el que ofrendamos.

En ocasiones podemos caer en el error de actuar como aquellos ricos. Entregamos parte de nuestra ofrenda solo cuando nos sobra. Hemos de tener mucho cuidado porque fácilmente podemos convertir al dinero en nuestro dios y creer que son los euros los que nos ofrecen paz, seguridad y confianza.

El Dios Creador del Universo NO necesita nuestro dinero, pero Él en su Gracia nos da el privilegio de poder colaborar con la extensión de su Reino entregando parte de los recursos que tenemos. Por cierto, además te recuerdo que absolutamente todo lo que tenemos lo hemos recibido precisamente de la mano bondadosa del Señor. Tratemos de dar siempre lo mejor y estemos dispuestos a entregar todo al Dios que fue capaz de entregar por nosotros lo más valioso que había en la eternidad “la vida de su Hijo Unigénito”.