Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Marcos 3:13

Jesús en todo momento dependía, buscaba la dirección y hacía la voluntad de su Padre Celestial. Constantemente Jesús apartaba tiempo para estar a solas con el Padre por medio de la disciplina de la oración. Cada uno de nosotros de la misma manera antes de tomar decisiones y de actuar deberíamos subir a nuestro monte para orar y escuchar la voz del Señor.

Cuando Jesús descendió por la mañana tras pasar la noche en oración, el Padre ya puso en su corazón quienes eran las personas a las que debía de llamar para que formaran parte de su equipo. La Biblia muestra claramente que el llamado de Dios tiene varias características.

Jesucristo siempre llama por Amor y por Gracia, el Rey no nos llamó porque éramos especiales, más bien somos especiales porque el Rey nos llamó. Cristo llama a quien quiere y cuando quiere ya que él es absolutamente soberano y libre para hacerlo. Además, cada uno de los llamados han sido elegidos por el Padre desde antes de la fundación del Mundo.

El llamado para ser hijo de Dios es un llamado particular, ya que si el Rey no te llama por nombre no puedes seguirle. Jesús cuando se presenta delante de nuestro camino y nos llama es con la triple intención de Justificarnos, Santificarnos y Salvarnos. Cristo nos salva y nos llama para que estemos con él y con su Padre por toda la eternidad. Deja que tu alma salte, baile, se regocije y celebre la bendita llamada del Rey.