Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Marcos 4:37

Lo que parecía que sería un placido viaje por el hermoso mar de Galilea bajo la luz de la luna, de repente estuvo a punto de convertirse en un terrible naufragio. La tempestad que se levantó fue tan grande que incluso aquellos discípulos que eran pescadores profesionales estaban completamente atemorizados.

A lo largo de nuestras vidas puede sucedernos exactamente lo mismo, todo esta en calma, disfrutamos de las bendiciones del día a día, pero de repente una tempestad se levanta y comenzamos a sufrir y a temer. Este mundo en el que nos encontramos debido a la consecuencia del pecado es un lugar inseguro y muy inestable, en cualquier momento se presentan tempestades que tratarán de arrasar y de hundir toda nuestra estabilidad y felicidad.

En medio de todas las tempestades que se levantan contra tu vida tienes que CONFIAR plenamente en Jesús, en su absoluta soberanía y en el poder de su palabra. Frecuentemente Dios en su amor, en su gracia y en su misericordia permite que a nuestro alrededor se levanten pequeñas o grandes tempestades para tratar con nosotros. Las tempestades finalmente sirven para revelarnos lo que tenemos en lo más profundo de nuestros corazones y para aumentar nuestra FE y CONFIANZA en Jesús.

En medio del caos en el que nos encontramos, y de todas las tempestades que se levantan en este mundo, nuestra alma debe tener paz porque Cristo está con nosotros. Recuerda en todo momento que Jesús se encuentra en la barca de tu corazón. Fija tus ojos en Cristo y aunque en ocasiones él no aparezca, no hable e incluso este dormido no olvides que el Señor Jesús es el Dios todopoderoso y que una palabra suya calma todas las tempestades.

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