Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre. Marcos 7:15

Es realmente importante comprender cual es la condición espiritual en la que se encuentra el ser humano. Cuando no tenemos clara la conocida doctrina de la “Depravación Total” podemos caer en el error de presentar el Evangelio como una lista de consejos moralistas. “No somos pecadores porque pecamos, pecamos porque somos pecadores”.

El problema que tiene el hombre y la mujer desde que se están formando en el vientre de sus madres es que vienen completamente afectados, dañados e inclinados hacia el pecado porque TODOS somos pecadores. Jesús dijo que el problema que tenemos NO ES la acción pecaminosa que realizamos sino más bien el corazón pecaminoso que tenemos en nuestro interior.

El problema NO ES lo externo, el problema es el corazón. Todas las cosas terribles que hacemos salen porque antes se encontraban en nuestro interior. Si miramos unos segundos en nuestro interior podremos ver (Orgullo, vanidad, envidia, engaño, gritería, rencor, pleitos, malos pensamientos y deseos, chismes, murmuración, falta de perdón…etc.)

El fabuloso mensaje que ofrece el Evangelio es que Dios se acerca a nosotros “siendo pecadores” y por medio de la obra de Cristo y a través del Espíritu Santo cambia nuestro sucio corazón, nos da un nuevo corazón de carne y comienza el hermoso proceso de la santificación que en definitiva consiste en ir limpiando y transformando nuestro interior para que todo lo que salga de nosotros sea diferente y muestre a la perfecta persona de Jesucristo.