“Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí” Números 14:19

Era tanta la queja del pueblo de Israel durante todo el peregrinaje que en estos momentos Dios salió para acabar con toda la nación, pero gracias al clamor y a la intercesión de Moisés el Señor se arrepintió. Dios le estaba ofreciendo a Moisés comenzar un nuevo pueblo por medio de él. La propuesta era realmente atractiva ya que Moisés podría ser el nuevo padre de la FE, él podría llegar a ser el primer patriarca, pero es que a Moisés no le importaba la fama de su nombre él solo buscaba la fama del nombre de Jehová.

A través de esta escena podemos compararnos con el pueblo de Israel y ver como nosotros tampoco somos muy diferentes a ellos. Frecuentemente nos quejamos, somos desagradecidos, rebeldes y sobre todo incrédulos. Podemos ver como a pesar del amor y la misericordia del Señor también Dios se aíra fuertemente contra el pecado, pero por medio del ejemplo de Moisés también podemos ver el papel y la figura tan importante de Cristo como nuestro intermediario.

Somos lo que somos y tenemos lo que tenemos GRACIAS a la persona de Jesús. Cristo sufrió y experimentó la ira de Dios que nuestros pecados merecían para que ahora podamos disfrutar de una relación intima con el Padre por toda la eternidad. Jesús es el que constantemente clama e intercede por nosotros, Él es nuestro abogado. A Jesús al igual que a Moisés solo le importa exaltar el nombre del Dios Padre.

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