“Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren” Números 24:9

A pesar de que el profeta Balaam intentó por todos los medios maldecir al pueblo de Dios finalmente sucedió todo lo contrario. El Espíritu Santo descendía sobre la vida del profeta y comenzaba a declarar bendición tras bendición hacia Israel. El Señor había prometido cuidar y proteger a su pueblo elegido, además había una promesa que fue dada para Abraham y sus descendientes físicos y espirituales a lo largo de la historia.

Bendición para aquellos que bendicen al pueblo de Dios, al cristianismo y a cada seguidor de Jesús, y por el contario maldición hacia todos aquellos que maldicen y ponen tropiezo en el camino de los hijos de Dios. Somos el amado tesoro del Señor, cada uno de nosotros ha sido comprado por la bendita y hermosa sangre de Jesucristo. El cristianismo no es una religión más, los cristianos somos la familia de Dios en la tierra, y Él mismo se encargará de bendecir o maldecir a todos aquellos que bendigan o maldigan a su pueblo.

En ocasiones los cielos de la prosperidad y la maldición de Dios visita a los países porque tanto los habitantes como los gobernantes de esa nación están diciendo y haciendo cosas que atentan y dañan al cristianismo. Cuando maldecimos a la iglesia y nos rebelamos contra la voluntad de Dios revelada en su Palabra sufrimos terribles consecuencias. Bendice en todo momento a Dios y a su pueblo aquí en la tierra y experimentarás el favor, la gracia y la bendición de Dios sobre tu vida.