“Manda a los hijos de Israel, y diles: Mi ofrenda, mi pan con mis ofrendas encendidas en olor grato a mí, guardaréis, ofreciéndomelo a su tiempo”. Números 28:2

Tras el diverso sistema de ofrenda con el que contaba el pueblo de Israel Dios pretendía anunciar la necesidad imperiosa que todos tenemos de un salvador. Cada una de las ofrendas les recordaba a los israelitas la condición de pecado en la que se encontraban y la tremenda santidad de Dios. El hombre y la mujer solo pueden acercarse y tener relación con el Dios tres veces Santo por medio de la ofrenda perfecta de Jesucristo.

Hoy día ya no debemos presentar ofrendas para que Dios nos perdone y nos acepte porque Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ahora cada uno de los hijos de Dios entregan sus vidas como ofrenda de manera voluntaria como sacrificios vivos, por amor y agradecimiento a todo lo que el Señor nos ha regalado en su gracia y por su misericordia.

Nosotros podemos seguir practicando un nuevo sistema de ofrendas, ahora no para obtener el perdón y la salvación sino más bien para demostrar nuestro amor y agradecimiento al Señor. Debemos estar dispuestos a ofrendar parte de nuestros bienes para que el reino de Dios continúe avanzando y extendiéndose por el mundo, podemos ofrendar en nuestras iglesias locales para cubrir necesidades o con diferentes misioneros que anuncian el evangelio.

Ofrenda tu tiempo, ofrenda tu dinero, tus dones, tu servicio, tu hogar, en definitiva, ofrenda toda tu vida al Dios que te amó, te buscó y te salvó.

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