“Pero a cargo de Eleazar hijo del sacerdote Aarón estará el aceite del alumbrado, el incienso aromático, la ofrenda continua y el aceite de la unción; el cargo de todo el tabernáculo y de todo lo que está en él” Números 4:16

Eleazar el hijo de Aarón tenía un gran privilegio, pero también tenía una grandísima responsabilidad. Él era el máximo responsable de todas las cosas que se encontraban en el tabernáculo móvil que tenía el pueblo de Israel. En este lugar era donde descendencia para morar la presencia de Dios. Él debía cuidar absolutamente todos los detalles (el aceite, el incienso, la ofrenda…)

Este era el lugar más importante en toda la nación de Israel, realmente me atrevería a decir que era el lugar más importante que existía en todo el planeta tierra. No había nada más valioso que el tabernáculo. Así que Eleazar no era un cualquiera, él no era un funcionario más del pueblo, él había sido escogido por Dios para cuidar el lugar santísimo.

De la misma manera hoy día todos aquellos que hemos confesado a Jesús como nuestro Señor y Salvador somos Hijos de Dios y tenemos el mismo privilegio y la misma responsabilidad que Eleazar. Cada creyente ha sido elegido por Dios para cuidar el tabernáculo de su corazón porque es ahí donde mora la presencia de Dios por medio de la persona del Espíritu Santo. Debemos ser mucho más conscientes de quien habita en nuestro interior para hacer TODAS las cosas con delicadeza.

¡¡CUIDA!! lo que ven tus ojos, lo que piensa tu mente y todo lo que haces. Medita en esto: “El lugar más importante del planeta tierra es tu corazón porque en él se encuentra el Espíritu Santo de Dios”. Vive disfrutando de este privilegio, pero sintiendo también cada día el peso de esta hermosa responsabilidad.