En ocasiones las circunstancias adversas y especialmente el paso del tiempo hace que las promesas de Dios queden en el olvido. Cuando enterramos las palabras que un día el Señor nos regaló perdemos la visión, el propósito e incluso nuestro llamado. Esto fue precisamente lo que le sucedió al matrimonio de Abraham y Sara. Pero gracias al Señor cuando ya no había esperanza y todo parecía estar completamente acabado Dios fue fiel y cumplió su promesa.

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