La blanda respuesta quita la ira; más la palabra áspera hace subir el furor. El hombre iracundo promueve contiendas; más el que tarda en airarse apacigua la rencilla. Proverbios 15:1 y 18

El enojo, la gritería y la ira son pecados que hacen muchísimo daño en las relaciones. Actuamos con ira porque en nuestro corazón hay orgullo y porque deseamos algo que no vemos que se esté cumpliendo. La ira es el mal carácter dándole rienda suelta a toda nuestra carnalidad.

Es muy difícil trabajar, compartir y vivir bajo el mismo techo de una persona iracunda. La ira promueve contiendas, odio y rencor, por ese motivo cada uno de nosotros debemos luchar intensamente contra ese pecado.

La solución para la Ira es estar lleno y controlado por el Espíritu Santo, ya que su fruto es dominio propio. Derribar al orgullo pidiendo perdón cada vez que nos equivoquemos, cambiar las palabras ásperas por palabras suaves, rendir cuentas a alguien con quien puedas estar trabajando este área de tu vida.

Oremos y ayunemos para sacar toda la ira que quede en nuestro corazón pecaminoso, no reproduzcamos los malos ejemplos que hayamos visto en nuestras familias. Imitemos en todo momento el amor, la humildad y la bondad de Jesucristo.