El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar. Proverbios 21:25

A lo largo de este libro se nos advierte en numerosas ocasiones del peligro que existe de ser o caer por un tiempo en la pereza. Tenemos que vigilar con atención nuestro corazón para que no se acomode y se acostumbre a la pereza.

El descanso es necesario, recomendable e incluso Bíblico pero al igual que sucede con el resto de las cosas necesitamos encontrar siempre el punto de equilibrio. La pereza nos tienta a pasar muchas horas durmiendo, tirado en el sofa, viendo muchos capítulos de nuestras series en Netflix, estar tiempo navegando a la deriva en el mar de las redes sociales… Todo esto está bien en su justa medida pero cuidado cuando la pereza toma ventaja.

El perezoso en su interior tiene grandes deseos, cómo trabajar, ayudar en casa, tener tiempos de devocional con Dios, leer buenos libros, terminar la Biblia en un año, hacer algo de deporte o estudiar… pero lo que le sucede es que sin darse cuenta es un prisionero más de la pereza.

Hermano la pereza con mucha sutileza te lleva hasta el terreno de la apatía, el desánimo, la indiferencia, la religiosidad y la decadencia espiritual. Busca en todo momento el equilibrio y administrar bien tu tiempo, recuerda que Dios descansó el séptimo día pero los seis primeros trabajó. Levántate para edificar tu vida, tu relación familiar, tu iglesia. Trabaja, sirve y colabora en todo lo que esté en tu mano.