Bebe el agua de tu cisterna, y los raudales de tu propio pozo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. Proverbios 5:15, 18 y 19

Estos versículos muestran el orden establecido por Dios dentro de la relación matrimonial. “El sexo no ha sido diseñado para el amor, el sexo ha sido diseñado para el matrimonio”; “El sexo fuera del matrimonio destruye como el fuego destruye fuera de la chimenea”.

El hombre y la mujer deben beber de su propio manantial y de su pozo que son ellos mismos. El matrimonio es un terreno santo, no podemos entrar, ni hablar de él como si fuera cualquier cosa. El matrimonio representa y es un reflejo de la hermosa relación que existe entre Jesucristo y la iglesia.

Aquellos que estamos casados debemos permanecer unidos, ser fieles y disfrutar de nuestra pareja hasta que la muerte nos separe. No podemos permitir que el amor, la ilusión y la pasión se apague con el paso del tiempo. Hermano disfruta de la mujer de tu juventud, hermana disfruta del hombre de tu juventud. La clave para que nuestro matrimonio perdure hasta el fin y supere las crisis y dificultades es tener muy muy muy presente al Señor.

Recuerda que cordón de tres dobleces no se rompe fácil. HUYE de la sensualidad, de la pornografía, de la indiferencia y de todos los enemigos que tratarán de asesinar el pacto de amor que hiciste delante de Dios.

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