Romanos 1:16

Romanos 1:16 “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todo aquel que cree: en primer lugar, para los judíos y también para los griegos”.
 
El apóstol Pablo comienza su carta a los romanos hablando del poder que tiene el mensaje del evangelio. Él había experimentado en su propia vida ese poder cuando el Señor Jesús salió a su encuentro en el camino de Damasco. Pablo era un hombre completamente diferente, el evangelio transformó su mentalidad, su corazón, sus afectos. El evangelio perdonó todos sus pecados, le ofreció un nuevo propósito en la vida, le permitió conocer a Jesucristo y le ofreció salvación por gracia a través de la fe.
 
Desde que Pablo conoció el evangelio, él dedicó todo su tiempo y sus fuerzas a compartir y predicar a todas las personas. Su principal deseo era que tanto judíos como griegos pudieran conocer a Jesucristo. Antes era un enemigo de la cruz, pero luego fue un apasionado de la cruz, antes odiaba con todas sus fuerzas a Jesús, luego fue un enamorado de Jesús, antes deseaba destruir el mensaje del evangelio, luego hizo todo lo posible por llevar el evangelio hasta el último rincón del mundo. Pablo jamás se avergonzaba del evangelio porque él sabía que el evangelio era la única salvación para los pecadores.
 
Si al igual que Pablo tu vida ha sido transformada por medio del evangelio te animo a que no te avergüences jamás del mensaje que ha salvado tu alma del infierno. Aquellos que somos hijos de Dios y discípulos de Jesucristo estamos llamados a predicar la buena noticia del evangelio hasta que nuestro corazón deje de latir. No enredemos nuestra vida con las cosas vanas y superficiales de este mundo, recordemos que estamos en la tierra para predicar el evangelio a todos los pecadores que necesitan experimentar el amor, la gracia y la misericordia de Dios.