Bendice alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Salmo 103:1 y 2

Me resulta realmente difícil destacar algún versículo de este impresionante Salmo ya que nos encontramos delante de un capítulo fabuloso. Pero en esta nueva mañana me gustaría destacar dos cosas de este texto. Lo primero recordarte que estamos llamados a BENDECIR al Señor todos los días, en todos los momentos y en todas las circunstancias.

A Dios le agrada que le expresemos nuestros sentimientos y que traemos de decirle con nuestras palabras todo aquello que siente nuestro corazón hacia su persona. No caigas en el error de acudir a Dios solo con la intención de pedir, hazlo también con el deseo de adorar y bendecir su Santo nombre.

Recuerda muchos de los beneficios que Dios te ha dado a lo largo de tu caminar con él. Cuando el salmista dice «no olvides sus beneficios» es porque sabe que con mucha facilidad solemos olvidar todo lo que Dios hizo por nosotros en el pasado. Mira hacia atrás en este día y solo recordando la misericordia y la fidelidad de Dios hacia tu vida tendrás millones de motivos para bendecir al Señor.