Ha dado alimento a los que le temen. Salmo 111:5

Quizás estarás de acuerdo conmigo en que, a lo largo de nuestras vidas, la oración que más repetimos es la que realizamos diariamente por los alimentos. En más de una ocasión, incluso podemos caer en el error de hacerla de manera religiosa. Mi deseo es que hoy puedas meditar en el valor y la bendición que son cada uno de los alimentos con los que sostenemos a nuestros cuerpos.

Absolutamente todos y cada uno de los alimentos que hemos comido y saboreado, desde la leche materna hasta lo que cenamos anoche, proceden directamente de la mano bondadosa del Señor. En todo ello comprobamos la misericordia y la fidelidad de Dios sobre cada uno de nosotros.

Te animo a dar las gracias de todo corazón a tu Padre Celestial por darte la capacidad, la salud, el trabajo, y el dinero para poder conseguir todo el alimento que sostiene tu cuerpo con fuerzas. Valora mucho más el plato que tienes diariamente sobre tu mesa, el sabor del postre y el desayuno que vas a tomar. Tras la magdalena, el café, el pan, la fruta, la carne, la pasta o el pescado podemos ver el amor de Dios sobre cada criatura, y especialmente sobre nosotros sus hijos.