Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, más no hablan; tienen ojos, más no ven; orejas tienen, más no oyen; tienen narices, más no huelen; manos tienen, más no palpan; tienen pies, más no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. Salmo 115:4-8

Este es uno de los textos que más claramente hablan sobre la necedad de la idolatría. Es asombroso y realmente triste ver cómo multitudes de personas adoran y ponen toda su confianza y esperanza en una imagen o escultura que ha sido diseñada y creada por un simple hombre.

Por el contrario, cuán privilegiados somos nosotros de poder conocer al único Dios vivo y real, al creador del universo. Tenemos que estar agradecidos con el Señor por librarnos de la idolatría en la que se encuentra la gran mayoría de las personas de nuestra sociedad. Tengamos misericordia, oremos y prediquemos la buena noticia del Evangelio para que muchos más vengan al conocimiento de la verdad.

Confía solo en aquel que te ve, te escucha, te habla e incluso te abraza. Dios no solo es real, además es un Dios cercano para con todos los que le buscan. Valora y disfruta de la relación que hoy puedes tener con el Dios del cielo.

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