Habla mentira cada uno a su prójimo; hablan con labios lisonjeros, y con doblez de corazón. Salmo 12:2

Es asombroso el ambiente y la maldad que hay en medio de nuestra sociedad. Los cristianos necesitamos de una manera muy especial la protección de Dios ante las mentiras, las calumnias, el engaño y las palabras groseras. No somos conscientes del poder tan grande que tienen las palabras, aquello que decidimos puede herir, sanar, animar, desanimar, destruir o edificar…

Nuestro trabajo es confiar en la protección de Dios e imitar el admirable ejemplo de Jesús. Nuestro Maestro y Salvador sabe lo que es vivir en medio de una generación perversa, pero él en todo tiempo supo marcar la diferencia, cuando se le maldijo él bendijo, cuando fue insultado, respondió con educación…

Estamos rodeados e inmersos en una corriente negativa, pero no imitemos el comportamiento de aquellos que no aman al Señor. Marquemos la diferencia, seamos verdaderamente Luz y Sal y escojamos con sabiduría las palabras que nuestros labios van a pronunciar en este nuevo día.