Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. Salmo 130:5 y 6

Es evidente que estos versículos nos recuerdan lo importante y lo necesario que es la «ESPERA». Hasta en cuatro ocasiones se nos repite está palabrita que tanto nos cuesta poner en práctica. Vivimos en el siglo de lo inmediato, nuestra generación no sabe, no quiere y además le molesta tener que esperar.

La gran mayoría de nosotros nos desesperamos o incluso huimos de un lugar cuando vemos que tenemos que esperar. Deseamos las cosas rápidas y al instante. Pero debemos comenzar a entender que Dios casi siempre trabaja en nuestras vidas por medio de la espera.

Hemos de saber esperar en la voluntad del Señor, en su palabra y en sus tiempos. Muchos de nuestros errores precisamente los cometemos por no saber esperar, por no buscar la dirección del Señor, por no escuchar su voz o no esperar aquello que viene de su parte.

Trata de practicar la espera en todas las áreas de tu vida. Después de leer esta reflexión no salgas corriendo; te animo a tener un momento de espera para que el Señor hablé a tu corazón. Trabaja más la virtud de la paciencia y disfruta de todos sus beneficios.

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