Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tu la sabes toda. Detrás y delante me rodeaste, y sobre mi pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. Salmo 139:1-6

En estos versículos se nos muestra con absoluta claridad la OMNISCIENCIA de Dios sobre nuestras vidas. No hay nada que Dios no sepa, él conoce cada uno de nuestros movimientos antes que los realicemos; él sabe cuáles son las intenciones de nuestro corazón y el pensamiento que ronda por nuestra mente.

Todo está abierto delante de su mirada, no hay nada oculto ni nada que escape de su control. Saber esto a algunas personas que estén viviendo en desorden les puede producir agobio porque se sienten controladas por un Dios Santo que está observando todos mis errores. Pero a los que amamos al Señor este atributo nos debe producir: seguridad, confianza, paz, gozo y sobre todo temor.

Qué maravilloso es sentirse observado y protegido constantemente por un Padre amoroso que tan solo desea cuidar a los que son sus hijos. Cuando entendemos está verdad se acabaron las máscaras de la hipocresía, Dios ve todo y ya no tengo que aparentar ni esconderme delante de los hombres. Ya no busco la opinión y el favor de los hombres sino la aprobación y la sonrisa de Dios.

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