Con mi voz clamare a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. Delante de él expondré mi queja; delante de él manifestaré mi angustia. Salmo 142 1 y 2

Durante mucho tiempo se nos ha enseñado e inculcado que debemos acercarnos a Dios con solemnidad y reverencia como aquellos que se acercan a un importante rey. Y aunque esto es cierto porque Dios es el Rey de Reyes no debemos de olvidar que también es nuestro Padre y por eso podemos correr hacia él con confianza, ternura y sinceridad.

Deseo y espero que tu relación con Dios sea cercana y no distante, calurosa y no fría, natural y no mecánica. Habla con el Señor como lo harías con tu padre mientras paseas o estás en el salón tomando una taza de café.

Al igual que el salmista te invito a buscar al Señor para adorar, agradecer, clamar, pedir y también quejarte por aquellas situaciones que no comprendes. Algunos pensaran ¿Has dicho quejarte? Si, quejarnos es una sensación que todos en algunos momentos o circunstancias de nuestras vidas hemos sentido al no comprender la soberanía de Dios, al experimentar una injusticia o incluso al ver que los problemas no cambian.

No vayas a las personas a quejarte, busca a tu Padre, el que sabe perfectamente lo que estás atravesando y aquel que conoce tus sentimientos. Abre tu corazón completamente a Dios, deja delante de su presencia todas tus quejas y permite que él hablé y trate contigo para que puedas levantarte con paz y gozo.

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