Bendito sea Jehová, que oyó la voz de mis ruegos. Jehová es mi fortaleza y mi escudo; En él confío mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré. Salmo 28: 6 y 7

El Señor siempre escucha y está atento a nuestras oraciones. Qué increíble y sorprendente es saber que las peticiones de un ser tan pequeño como somos cada uno de nosotros, llegan directamente hasta los oídos del eterno.

El Señor diariamente nos ofrece nuevas fuerzas para poder seguir avanzando en el camino del cristianismo, además al igual que un escudo nos protege de muchísimos peligros y ataques del enemigo. Debido a su fidelidad podemos confiar plenamente en él y en su palabra ya que él jamás nos fallará y siempre estará a nuestro lado para ayudarnos en todas las circunstancias que estemos atravesando.

Por todas estas razones y muchas más tenemos y debemos de alabar a Dios con gozo y alegría desde nuestro corazón. No dejes que nada ni nadie te impida levantar una canción al Dios que ha cambiado nuestro lamento en baile.