Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes. ¡Cuan preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Salmo 36:5-7

Qué impresionante y maravillosa es la Misericordia y la Fidelidad de Dios para con nosotros personas débiles e imperfectas. Aunque tratamos por todos los medios de agradar a Dios por medio de nuestras vidas, lo cierto es que cada día le fallamos y hacemos cosas que realmente entristecen el corazón de nuestro Padre.

A pesar de todos nuestros errores que por cierto no son pocos, él decide ofrecernos cada mañana en bandeja su Misericordia. Alguien dijo que la Misericordia de Dios consiste en «No recibir lo que realmente merecemos». Esto es totalmente cierto, el Señor no nos paga con nuestra propia moneda, él no actúa como lo hacemos nosotros con aquellos que nos dañan o nos defraudan, Dios es Fiel a sus palabras y él ha prometido amarnos y estar a nuestro lado cada día hasta que regresemos a nuestro verdadero hogar.

Meditar en la Misericordia y la Fidelidad del Señor tiene que aumentar nuestro amor hacia él y tiene que impulsarnos a la vida en santidad. No dejes que lo que hiciste en tu pasado o lo que estás haciendo en tu presente te condenen. Corre hacia los brazos Fieles y Misericordiosos del Señor para que puedas experimentar su perdón, su gracia y su amor.