No me desampares, oh Jehová; Dios mío, no te alejes de mi. Apresúrate a ayudarme, Oh Señor, mi salvación. Salmo 38:21-22

Si lees por completo este Salmo verás el sufrimiento tan grande que estaba atravesando David en estos momentos de su vida: (Temores, peligros, aflicciones y enfermedades)

Tenemos que saber que, aunque seamos hijos de Dios muchas veces vamos a sufrir, porque como dijo Jesús «en el mundo tendréis aflicción». La gran diferencia que tenemos nosotros con el resto de las personas es que tenemos a alguien a quien acudir, podemos clamar, depositar nuestras cargas y experimentar como la presencia de Dios nos acompaña y nos sostiene en medio del valle de sombra y de muerte.

Cuando estés atravesando un sendero de pruebas y de dolor no dejes de clamar y de buscar al Señor. Solo Dios puede hacernos libres y solo Dios puede ofrecernos el gozo de su salvación para que podamos sonreír y cantar en plena oscuridad.

Si estás sufriendo por algo en estos momentos no busques la solución lejos del trono de la Gracia, vuélvete y humíllate ante la presencia de Dios porque solo de esta manera podrás obtener la victoria ante la adversidad.