Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. Salmo 40:1-2

Estos dos versículos resumen a la perfección la obra y la restauración total que Dios ha realizado en nuestras vidas. Nos recuerda muy bien como éramos y dónde nos encontrábamos y dónde estamos ahora gracias a su misericordia.

Qué bueno fue el Señor al escuchar nuestro clamor y librarnos de los diferentes pozos en los que todos nos encontrábamos prisioneros. Pozos de amargura, de desesperación, de ira, soberbia, ansiedad, vanidad, orgullo… Todos estábamos en un pozo antes de conocer a Cristo.

Pero él vino a buscarnos al pozo como hizo también con la mujer samaritana la cual sacaba cada día agua del pozo, pero su corazón estaba completamente vacío. Dios puso su mirada en ti, metió la mano en lo más profundo del pozo te rescató, te ha elevado y ha puesto tus pies sobre la peña.

La peña, la roca es Cristo, y ahora estamos en él. Nuestros pasos han sido enderezados, ahora tenemos un camino por el que andar. Hemos sido y estamos siendo restaurados, Dios ha traído orden, gozo y paz. En este día te ánimo a recordar el pozo de donde fuiste librado y adorar al Señor por la misericordia tan grande que ha tenido con tu vida.