Tu eres el Dios de mi fortaleza. ¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Salmo 43:2-5

Todos nosotros nos debilitamos según las circunstancias que se van presentando a lo largo de nuestro caminar, pero jamás hemos de olvidar que en Dios está la fortaleza que necesitamos para seguir adelante por muy difícil que se presente el camino. Como diría el apóstol Pablo «todo lo puedo en Cristo que me FORTALECE».

Nuestra alma es muy inestable, un día se encuentra por las nubes y justo al día siguiente se arrastra por el suelo. Si hoy te encuentras abatido, turbado, inquieto o preocupado por algo que te esta robando la alegría y la paz, lo único que tienes que hacer es poner tu confianza plenamente en Dios y esperar en su voluntad. Recuerda que Dios jamás llega tarde el siempre aparece justo a tiempo.