En Dios nos gloriaremos todo el tiempo, y para siempre alabaremos tu nombre. Él conoce los secretos del corazón. Salmo 44:8-21

El ser humano constantemente trata de gloriarse en aquellas cosas que obtiene como el dinero, los bienes materiales o sus éxitos laborales… pero el creyente solo tiene un trofeo que levantar y no es otro sino Dios.

La paradoja de esta gloria es que realmente no hicimos nada por conseguirlo, sino que todo lo que tenemos en Dios es por pura gracia y misericordia. Por ese motivo el deseo de nuestra alma es alabar por siempre su santo nombre.

Además, celebramos que delante de su mirada no hay lugar para los secretos ya que todo esta expuesto ante los ojos de aquel a quien tendremos que rendir cuentas.

Camina en santidad y disfruta del temor a Dios que no es otra cosa que «La conciencia de saber que vivimos delante de un Dios que nos ve».