No temas cuando se enriquece alguno, Cuando aumenta la gloria de su casa; Porque cuando muera no llevará nada, Ni descenderá tras él su gloria. Salmo 49:16, 17

No somos conscientes de lo insensato que es realmente poner nuestra alegría y confianza en las riquezas o en los recursos que con gran esfuerzo tratamos de conseguir.

El hombre por naturaleza desea en su corazón obtener cosas porque piensa que detrás de los bienes materiales podrá encontrar paz, gozo y seguridad, pero la Biblia nos dice claramente que todo eso solo podemos hallarlo en el Dios que permanece inmutable.

Cuando la muerte nos visite no solo nos robará el aliento sino también hasta el último euro que tengamos en el bolsillo. No corramos ni invirtamos todas nuestras energías, fuerzas y tiempo en acumular cosas en la tierra. Por supuesto que tenemos que trabajar y buscar el sustento que necesitamos, pero como hijos de Dios debemos ser muy sabios y trabajar por aquello que no perece y es eterno.

Sirve al Señor, anuncia el Evangelio, desgasta tu vida ayudando a los demás y acercando a personas a Cristo y las riquezas de todo este trabajo lo obtendrás al otro lado de la eternidad.