Defended al débil y al huérfano; Haced justicia al afligido y al menesteroso. Salmo 82:3

Estás palabras son realmente necesarias en medio de los tiempos que estamos atravesamos. Ya no es necesario tener que viajar a un país subdesarrollado para ver la necesidad y la pobreza, tristemente a nuestro alrededor hay miles de personas y familias que están sufriendo, clamando y esperando a alguien que las libre del dolor y de las diversas necesidades que están sintiendo.

El cristianismo y el Evangelio es ACCIÓN. Fue Dios el primero que estuvo dispuesto a entregar la vida de su Hijo y somos nosotros los que debemos hacer todo lo posible por atender y cubrir a los heridos que nos encontremos durante nuestro camino como muy bien hizo el Samaritano en la parábola.

Clama a Dios y pídele al Espíritu Santo que te saque del peligroso terreno de la apatía y de la indiferencia en la que se encuentra este mundo. Recuerda que tú y yo somos la Luz y la Sal y nuestra función no se puede realizar entre las cuatro paredes de la iglesia local.

Jesús vino a buscarte para salvarte, sanar tu alma, restaurar tu identidad y luego enviarte para que tú hagas lo mismo con otros. En este nuevo día sal a la calle y mira, siente y actúa con el corazón de Cristo.

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