Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Desde el siglo y hasta el siglo, tu eres Dios. Salmo 90:1 y 2

Este versículo nos recuerda el hermoso atributo de la «inmutabilidad». Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, Él no cambia como por ejemplo lo podemos hacer nosotros. Su Amor, su Gracia, Fidelidad, Misericordia…etc siempre están sobre nuestras vidas y sobre su pueblo no por nuestra actitud sino porque Dios no puede negarse a sí mismo.

Siglo tras siglos él Señor continúa siendo el mismo. No importa como te encuentres, el momento que estés atravesando o lo que hiciste ayer, Dios siempre está en su trono esperándote para tratar contigo por medio de su amor.

Él es como el padre del hijo pródigo que espera en el camino para abrazar a su Hijo. Recuerda que nosotros cambiamos, fallamos, nos alejamos de la casa y pecamos, pero Dios sigue siendo el mismo desde el primer siglo y hasta el último. Corre en este día a los brazos de aquel que siempre será nuestro refugio.

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