Tus testimonios son muy firmes; la santidad conviene a tu casa, Oh Jehová, por los siglos y para siempre. Salmo 93:5

Si en algo se caracteriza Dios y su casa es por la Santidad. El Dios Trino ha estado rodeado por la eternidad de santidad, estás tres personas han disfrutado de una relación perfecta desde siempre y para siempre. No llegamos a alcanzar ni a comprender este concepto ya que nosotros venimos afectados e inclinados hacia el pecado desde que nacemos.

Dios debido a su esencia ya que Él es el único absolutamente Santo no puede habitar con el pecado, por ese motivo tanto los ángeles caídos como los seres humanos fueron expulsados de su presencia. Todo esto tiene que producir dos cosas:

Primero amor por la santidad ya que si caminamos en santidad experimentamos su presencia con mucha más libertad. La santidad es el pegamento que nos une a Dios, una vida consagrada nos permite disfrutar de la persona de Dios.

Segundo, debemos aborrecer y huir del pecado ya que este es el único que nos aleja de Dios. Cuando estamos en desorden o practicando cosas que no son correctas dejamos de sentir el gozo, la paz y la presencia de Dios en nuestras vidas. En la casa de Dios siempre abunda la Santidad y su casa somos nosotros que ahora somos templo del Espíritu Santo, su casa también está considerada el lugar donde nos reunimos los creyentes para adorar. Lo más increíble es saber que dentro de muy poco aquellos que fuimos expulsados por el pecado regresaremos a casa para disfrutar de una eternidad de Dios y su santidad.