Venid, aclamemos alegremente a Jehová; cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación. Venid adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. Salmo 95:1 y 6

En estos versículos se nos muestra como debe ser nuestra alabanza y se nos ofrecen también los motivos por los cuales debemos adorar a Dios. Cuando nos presentamos ante la presencia de Dios nuestra alabanza y actitud no puede ser pasiva o estática, no podemos mantenernos indiferentes. Debemos acercarnos ante el Eterno con (alegría, con júbilo, postrándonos e incluso arrodillándonos) ante aquél que es tres veces Santo.

Todos tenemos y debemos de trabajar más nuestra expresión a la hora de alabar a Dios. Cuando estamos cantando debemos ser conscientes y recordar quienes éramos y todo lo que el Señor ha realizado en nuestras vidas.

Dios es nuestro hacedor Él ha sido quien nos ha creado, el que nos ha cuidado desde el vientre de nuestras madres, pero lo más impresionante no es que nos ha dado la vida física sino además la vida eterna porque él es nuestro salvador. Estás verdades deben revolucionar nuestros corazones.

Cuando acudas la próxima vez a su presencia para alabar al Señor medita en este pasaje y exalta a tu Salvador y Hacedor con todas tus fuerzas y con toda tu pasión.

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