No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, a hacer obras impías. Salmos 141:4

Esta oración es muy importante que la realicemos cada mañana. Nuestro peor y más malvado enemigo se encuentra dentro de nosotros y es nuestro propio corazón. Lamentablemente la consecuencia del pecado original nos ha inclinado hacia el mal, por ese motivo el salmista le pide a Dios que no permita que su corazón se incline hacia lo malo.

El pecado y el mal realmente no sé encuentran fuera de nosotros, no está en un lugar o en cosas… El mal habita en cada hombre, mujer, niño y anciano que ha desplazado a Dios del trono de sus corazones.

Como dijo Calvino «nuestro corazón es una fábrica de ídolos”, por todo esto hacemos bien en trabajar las disciplinas espirituales para tener el dominio sobre nuestro corazón y hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.

Recuerda que todo esto solo lo podrás conseguir echando mano de alguien que también se encuentra en tu interior, es una persona muy especial y fantástica que ha venido para ayudarnos en todas las cosas, se llama Espíritu Santo y es la tercera persona de la Trinidad. Dios mismo dentro de ti para cambiarte y ayudarte a vencer a tu pecaminoso corazón. Disfruta, valora y trata con el Espíritu de Dios cada día.

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