Oh Dios, no guardes silencio; No calles, oh Dios, ni te estés quieto. Salmos 83:1

El salmista al ver la corrupción y la maldad del hombre corriendo por las calles clamo a Dios para que actuara. En ocasiones el «celo» por la santidad y el nombre de Dios debe llevarnos a indignarnos contra todas las prácticas y el pecado que nuestra sociedad está abrazando, practicando y aprobando.

Clamemos con todas nuestras fuerzas para que Dios se levante en nuestro país y limpie toda la suciedad que el hombre está promoviendo como (la corrupción, el aborto, la violencia familiar, la injusticia social, la sexualidad, la ideología de género…etc)

En varias ocasiones la Biblia muestra como el pueblo de Dios intercedió pidiendo perdón por los pecados de la nación y el Señor en su Gracia fue movido a misericordia. En pleno siglo XXI en medio de una sociedad completamente depravada nosotros los creyentes también debemos levantar la voz y clamar para solicitar el PERDON y la MISERICORDIA de Dios por nuestra nación. Que Dios se compadezca y salve como hizo en la antigüedad con la perversa y malvada ciudad de Nínive.