Zacarías 13:7

Zacarías 13:7 “Hiere al pastor y serán dispersas las ovejas”.

Con estas palabras Zacarías estaba profetizando todo lo que sucedería en el momento de la crucifixión de Cristo. Jesús es el buen pastor que da su vida por sus ovejas, pero cuando él fue arrestado y crucificado, sus ovejas que en aquel momento eran los discípulos fueron dispersados por el gran temor que tenían en sus corazones. El diablo trató de detener todo el plan de Dios haciendo daño al pastor, pero a los pocos días pudo comprobar que es imposible tratar de detener la obra y los propósitos eternos del Señor.

Es cierto que el pastor fue gravemente herido, Jesús fue destrozado físicamente por los hombres e incluso murió sostenido en una cruz maldita. Al ver su cuerpo desnudo y completamente desfigurado en el madero, el diablo celebró la muerte del príncipe de los pastores. Todo parecía estar perdido, las ovejas corrían dispersas de un lugar a otro sin saber qué hacer ni a dónde ir. Durante varios días, los discípulos de Jesús vivieron sin gozo y sin ningún tipo de esperanza, hasta que el sol salió en la mañana del domingo.

Tres días después de la crucifixión el cuerpo sin vida de Jesús resucitó. Cristo venció al pecado, al diablo y a la muerte. El buen pastor se levantó y lo primero que hizo al salir del sepulcro fue buscar con amor a cada una de sus ovejas. Desde ese día el Señor continúa buscando a las ovejas que el Padre le entregó desde la eternidad pasada. A lo largo de los siglos Jesús sigue buscando y llamando a sus ovejas las cuales cuando oyen su voz le siguen con amor. El pastor no se detendrá hasta reunir en un solo rebaño a todas sus ovejas.