Zacarías 2:8

Zacarías 2:8 “Porque el que os toca, toca a la niña de mi ojo”.

A través de esta frase el Señor estaba recordando a su pueblo lo especial que eran ellos. Dios ama celosamente a su pueblo y aunque una y otra vez ellos le daban la espalda, pecaban, se iban tras otros ídolos y se rebelaban, Dios no dejaría de cuidarlos y protegerlos. El amor de Dios hacia su pueblo no cambia, es un amor incondicional. Dios ha realizado un pacto con Él mismo y ha decidido amar a su pueblo hasta tenerlos en sus brazos por toda la eternidad.

Aquellos que ponen tropiezo o atacan al pueblo de Dios deberían saber que se están metiendo con el Dios Todopoderoso. Dios dice en su palabra que él protegerá a cada uno de los que formamos parte de su pueblo como se protege a la niña del ojo. Tocar a un hijo de Dios es tocar al mismísimo Dios. Eso precisamente fue lo que le dijo el Señor a Saulo cuando estaba persiguiendo a los cristianos en el camino hacía Damasco.

Aquellos que hemos reconocido a Cristo como nuestro Señor y Salvador, formamos parte del pueblo de Dios y este es el mayor privilegio que puede tener un ser humano. Nosotros estamos completamente seguros en las manos del Dios Eterno. Nada nos sucederá sin el consentimiento de nuestro Padre Celestial y nadie podrá tocarnos o dañarnos porque mayor es el que está con nosotros que los que están contra nosotros. Cada día que mires el círculo negro y pequeño en el centro de tu iris recuerda de la manera tan especial que te ama y te protege el Señor.