El Salmo 8 muestra perfectamente cuan pequeño y débil es el hombre en comparación con el majestuoso, glorioso y eterno Dios. Aun así el creador del cielo, la luna y las estrellas ha decidido en su gracia fijar su mirada, amar, cuidar, proteger y acordarse de aquellos que éramos tan insignificantes como un granito de arena.

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