Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y el comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura. Génesis 25:34

Esta historia donde Esaú fue capaz de cambiar el privilegio y la bendición de la primogenitura por un absurdo plato de lentejas nos muestra de manera excepcional la necedad tan grande que existe en el corazón del ser humano. Por medio de las cuatro acciones (comió, bebió, levantó y fue) vemos el terrible y famoso pensamiento del Carpe Diem “Vive el momento”.

Son muchísimas las personas que cambian las bendiciones de Dios por placeres superficiales y temporales. Nuestra generación esta siendo arrasada por las emociones, por lo sensorial, por lo visual, por el placer y sobre todo por lo inmediato. Pero no debemos olvidar que el placer que ofrece este mundo dura el mismo tiempo que las lentejas en el vientre de Esaú.

La Biblia nos dice que Esaú “menospreció” (no le dio importancia y valor) a las cosas de Dios. Que triste menospreciar lo que Dios ofrece por platos de lentejas. Que miserable tenemos que ser para cambiar a Jesucristo por los platos de (sexo, drogas, fiestas, popularidad, vanidad…) que nos ofrece el diablo.

Nunca olvides donde acabaron las lentejas que saboreó durante unos minutos el necio de Esaú, recuerda que a las tres horas sintió de nuevo hambre y por cierto cuando entendió lo que hizo lloró amargamente pero no recuperó su primogenitura. Te animo y te invito a valorar la primogenitura y todas las bendiciones espirituales que hemos recibido de parte de Dios. Come y bebe de Cristo el único que puede saciar el hambre y nuestra sed espiritual.