“Cuando sacudas tus olivos, no recorrerás las ramas que hayas dejado tras de ti; serán para el extranjero, para el huérfano y la viuda” Deuteronomio 24:20

Es realmente asombroso ver como Dios siempre está atento a todos los detalles. El Señor le pidió a todo su pueblo que fuese compasivo y misericordioso con todos aquellos desfavorecidos que necesitaban ayuda para continuar sobreviviendo. El corazón de Dios cuida y se preocupa de los pobres y de todos los que atraviesan momentos de necesidad.

Podemos ver claramente como la Palabra de Dios ofrece consejos muy valiosos relacionados con la justicia social. El Señor quería y quiere que entre todos nos ocupemos de los pobres que existen a nuestro alrededor, especialmente de aquellos que se encuentran en una situación muy vulnerable como suele ser el caso de los extranjeros, los huérfanos y las viudas.

En el nuevo pueblo espiritual de Dios, que es su Iglesia, debemos cuidar de los extranjeros que se encuentran entre nosotros sin su familia y en un país completamente diferente con todo lo que eso conlleva. Cuidar y atender a las personas huérfanas para que a través del amor de la iglesia podamos llenar el vacío de sus padres y finalmente atender a los viudos y viudas para que no sientan la tristeza que en ocasiones produce la soledad.

Oremos y trabajemos con todas nuestras fuerzas y pasión para ser una iglesia y una familia en la Fe que lucha por la justicia social que tanto necesita este mundo. Y sobre todo no olvidemos que lo más importante y urgente que necesita nuestra sociedad es a la persona de Cristo y el poderoso mensaje del Evangelio que sana, libera y restaura los corazones.