“No pondrás bozal al buey cuando trillare” Deuteronomio 25:4

Los animales que trabajaban en la ardua tarea del campo podían comer directamente de la cosecha mientras avanzaban en su recorrido. Los ganaderos no debían ponerle ningún inconveniente y quitar el bozal para que pudieran alimentarse con tranquilidad. Ese era el beneficio que estos animales obtenían por el gran esfuerzo que realizaban.

De la misma manera Dios desea que todos aquellos que están dedicados a tiempo completo al Evangelio sean sostenidos a través de las ofrendas de los creyentes que pertenecen a la iglesia local. La Biblia aplica el mismo principio de los bueyes con todos los ministros que trabajan extendiendo el reino de Dios (Mt. 10:10; Lc. 10:7; 1ª Co. 9:7-14; 1ª Ti. 5:17-18)

Debemos orar, valorar y bendecir a todo hombre y mujer que, con esfuerzo y pasión, trabaja enseñando, predicando o anunciando la bendita y poderosa palabra de Dios. Todo obrero es digno de su salario, por ese motivo debemos atender bien a las personas y familias que lo han dejado todo para servir al Señor y a los creyentes. No pongamos bozal y quitemos todos los impedimentos a los ministerios que el Señor ha elegido para el servicio de su obra. Debemos con amor atender sus necesidades físicas como ellos atienden nuestras necesidades espirituales.