“Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión” Deuteronomio 26:7

Es asombroso saber que en medio de todas nuestras aflicciones y sufrimientos nosotros podemos levantar un clamor al Dios que nos ve en todo momento y al único que conoce cada detalle de nuestras vidas. En ocasiones podemos caer en el error de no valorar o dejar de emocionarnos con las verdades básicas y fundamentales del cristianismo. Ojalá fuésemos mucho más conscientes de lo afortunados y privilegiados que somos al tener a Dios a nuestro lado.

Las personas que nos rodean sufren y son prisioneras de la ansiedad o la depresión porque precisamente no saben a donde acudir ni a quien clamar. Este mundo corre de un lado hacia otro tratando de encontrar a alguien que los pueda salvar y liberar de los temores, de las angustias, tristezas…etc.

El Señor ha oído y continúa oyendo nuestro clamor diario, el creador del cielo y de la tierra, aquel que sostiene en la palma de su mano al universo, tiene su oído muy cerca de tu corazón. Puedes confiar plenamente en el Dios eterno que a la vez es tu amado Padre Celestial. Si eres hijo de Dios acude confiadamente ante el trono de la gracia para hallar el oportuno socorro que necesita tu alma.